Camino a la ciudadania “Hija de un nuevo país”

Hija de un nuevo país
Gilda Rada
Como muchos inmigrantes, vine a Estados Unidos para poder darle a mis hijos al menos las opciones que yo he tenido en mi vida: crecer en un ambiente sano, tener una juventud tranquila y, llegado el momento, estudiar y alcanzar un título universitario.
Cuando mi hijo mayor nació en Nueva York y nos fuimos a Caracas antes de que cumpliera su primer año, asumí el reto y la responsabilidad de criarlo, según mis posibilidades, como un niño estadounidense más: cada 4 de julio lo despertaba con el himno nacional, Star-Spangled Banner; para el día de Acción de Gracias siempre ponía en la mesa algún platillo que tuviera pavo y arándanos. Por supuesto, mi hijo también tiene raíces afroamericanas que se expresa, entre otras cosas, en su gusto por los ritmos afrocaribeños como la salsa, el merengue y los tambores.
Tristemente esas metas se fueron volviendo cada vez más difíciles de lograr en mi país natal, Venezuela, donde ventajas como el que la educación superior tenga un precio asequible se veían opacadas por la inseguridad, el estancamiento y hasta la persecución por razones políticas.
Surgió la posibilidad de participar en la lotería de visas o programa de diversidad que se activa cada año para oriundos de países con baja presencia migratoria en Estados Unidos y permite venir ya con el estatus de residente.
Salimos ganadores en el segundo intento, y a partir de ese momento nos pusimos a trabajar usando nuestras capacidades personales y profesionales para realizar el proceso de emigración lo menos traumático posible para nuestros hijos. Hasta entonces habíamos tenido una carrera profesional que nos exigía mudarnos de país cada cierto tiempo, pero esta vez era diferente porque la mudanza no era temporal y porque el empleo teníamos que buscárlo nosotros mismos. Comenzamos una planificación de reloj suizo: documentos, traducciones, citas, etc. La entrevista en la embajada nos dejó en suspenso por unos días, pero finalmente todo fue aprobado.
El siguiente paso: preparar el viaje que debíamos realizar en los siguientes 6 meses. Se sentía como sacar un árbol completo, con raíces y todo, y trasplantarlo lejos de donde había crecido ¿estábamos listos? ¿Cómo haces para que la vida te quepa en dos maletas y un bolso de mano?
A pesar de que la mayoría de los venezolanos que viene a vivir a Estados Unidos se radica en Miami por el clima cálido y la preeminencia del uso del idioma español, nosotros llegamos a New Jersey, principalmente porque era la parte del país que conocíamos, porque no queríamos arriesgarnos a vivir en un lugar que estuviera expuesto todos los años a la fuerza devastadora de los huracanes y porque allí estaban nuestros amigos que 15 años antes se habían convertido en familia para nosotros.
En este nuevo proyecto de vida, ya la ciudad de Nueva York, donde habíamos vivido por tres años, se había vuelto muy cara; sin embargo, quisimos quedarnos cerca, pensando que en ella podríamos encontrar oportunidades.
En los primeros seis meses nos dimos cuenta que el poder hablar y escribir en inglés era muy importante y contábamos con ello, pero para conseguir un buen trabajo era necesario entender cómo funcionaban las cosas aquí, lo cual era muy distinto a nuestro país. Por ejemplo, herramientas como el currículum vitae o resume no llevan fotos ni información demasiado personal o de la familia; en cambio, deben ser adaptadas al empleo en particular que estoy buscando, una vez que haga una investigación elemental de la empresa y el cargo por el que quiero optar.
El sistema educativo de New Jersey permitió que nuestros hijos se adaptarán a la nueva escuela y al nuevo idioma. Pero hasta allá fue a buscarnos el huracán Sandy para recordarnos que los cambios climáticos son reales, que ya no obedecen a patrones tradicionales y, por lo tanto, que ya no están limitados a una determinada área geográfica.
Al año de haber llegado, el consejo de una amiga de buscar oportunidades en lugares más económicos del país coincidió con una oferta de empleo y nos mudamos a Luisiana, donde en varias ocasiones personas extrañas nos dieron una muy cordial bienvenida haciendo gala de la inigualable hospitalidad sureña.
En los primeros 3 meses conseguí dos trabajos que todavía conservo. Uno de ellos, aparte de ser mi principal empleo, me ha dado la oportunidad de servir a mi comunidad en muchos aspectos y varios roles que he podido desempeñar, eso siempre me ha llenado de satisfacción, aunque sé que hay muchas cosas que puedo siempre mejorar.
Después de la espera necesaria de más de 5 años, finalmente llegó el día de introducir mi solicitud de naturalización, todo tuvo su curso normal: al poco tiempo me llegó una cita para que me tomaran las impresiones dactilares; después la cita para la entrevista / examen que por residir en Shreveport tuve que viajar a Fort Smith, Arkansas. A pesar de los nervios, se trató sólo de una conversación con el oficial de inmigración sobre todo el contenido de mi solicitud. Me sentí muy tranquila con el examen porque llevaba semanas estudiando con mi hija y unas amigas muy queridas que estaban en la misma situación que yo.
He podido compartir con mucha gente la convicción que tengo de que si he decidido quedarme en este país, lo menos que puedo hacer es tratar de conocerlo para llegar a quererlo como a mi terruño. Por eso trabajo cada día por manejar mejor el inglés, por mantener la belleza, amplitud y versatilidad de mi español natal. Ahora también aprendo a seguir los deportes populares como el fútbol americano, el béisbol, el basquetbol y hasta el tenis, trato de entender las expresiones típicas de esta cultura que me acoge: lugares, monumentos, música, bailes, platillos típicos americanos y hasta el sentido del humor propio de aquí.
En estos años como residente ha sido muy importante para mí contar con la amistad, el apoyo y el consejo de amigos nacidos y criados en Estados Unidos, así como los que se han hecho ciudadanos antes que yo. A ellos les agradezco inmensamente que hayan sido generosos al hablarme de su país, de sus bondades y hasta sus defectos. Ellos me han acompañado en el camino y me han aplaudido cuando me convertí en una de ellos.
Ahora sigue un reto mayor, lo primero que hice al juramentarse como nueva ciudadana estadounidense fue inscribirme para votar y el 6 de noviembre ejercí por primera vez el sufragio en este país. Siento que es una gran responsabilidad dar una respuesta adecuada cuando se nos consultan distintos aspectos de la vida de nuestra comunidad, por ello considero muy importante informarse lo mejor posible de las opciones y responsablemente escoger la que considere mejor.
Rechazó la idea de ser ciudadana de segunda clase, creo que, aparte de conocer este país que me ha acogido como a una más de sus hijos, debo hacer mi parte cada día por mejorarlo. Tengo la responsabilidad de participar y me entusiasma mucho tener la posibilidad de que mi voz sea escuchada.

Like many immigrants, I came to the United States to be able to give my children at least the options that I have had in my life: to grow up in a healthy environment, to have a quiet youth and, when the time comes, to study and achieve a university degree.
When my eldest son was born in New York and we left to Caracas just before he turned one, I assumed the challenge and the responsibility of raising him, according to my possibilities, like another American child: every 4th of July I woke him up with the national anthem , Star-Spangled Banner; for Thanksgiving he always put on the table a dish with turkey and blueberries. Of course, my son also has African-American roots that is expressed, among other things, in his taste for Afro-Caribbean rhythms such as salsa, merengue and drums.
Sadly, those goals became increasingly difficult to achieve in my native country, Venezuela, where advantages such as higher education at an affordable price were overshadowed by insecurity, stagnation and even persecution for political reasons.
There was the possibility of participating in the visa lottery or diversity program that is activated every year for people from countries with low migratory presence in the United States and allows to come over with a resident status already.
We became winners in the second attempt and from that moment forward we began working using our personal and professional skills to make the process as less traumatic as possible for our children. Until then we had had a professional career that required us to move from country to country every so often, but this time it was different because the move was not temporary and because we had to look for employment ourselves. We started a Swiss clock planning: documents, translations, appointments, etc. The interview in the embassy left us in suspense for a few days, but finally everything was approved.
The next step: prepare the trip we had to make in the next 6 months. It felt like taking out a whole tree, with roots and everything, and transplanting it away from where it had grown. Were we ready? How do you make life fit in two suitcases and a handbag?
Although most of the Venezuelans who come to live in the United States live in Miami because of the warm climate and the preeminence of the use of the Spanish language, we arrived in New Jersey, mainly because it was the part of the country we knew, because we did not want to risk living in a place that was exposed every year to the devastating force of the hurricanes and because there we had our friends who 15 years before had become family to us.
In this new life project, and to the city of New York, where we had lived for three years, it had become very expensive; however, we wanted to stay close, thinking that in it we could find opportunities.
In the first six months we realized that being able to speak and write in English was very important and we counted on it, but to get a good job it was necessary to understand how things worked here, which was very different from our country. For example, tools such as curriculum or résumé do not carry photos or personal or family information; instead, they must be adapted to the particular job I am looking for, once I do an elementary investigation of the company and the position for which I want to opt.
The education system of New Jersey allowed our children to adapt to the new school and the new language. But until then, Hurricane Sandy came to remind us that climate changes are real, that they no longer obey traditional patterns and, therefore, that they are no longer limited to a specific geographical area.
A year after we arrived, the advice of a friend to look for opportunities in cheaper places in the country coincided with an offer of employment and we moved to Louisiana, where on several occasions strangers gave us a very warm welcome showing the unparalleled southern hospitality.
In the first 3 months I got two jobs that I still have. One of them, apart from being my main job, has given me the opportunity to serve my community in many aspects and several roles that I have been able to play, that has always filled me with satisfaction, although I know there are many things that I can always improve .
After the necessary wait of more than 5 years, finally the day came to introduce my application for naturalization, everything had its normal course: shortly after I got an appointment to take my fingerprints. After the appointment for the interview / exam that I had to take for residing in Shreveport I had to travel to Fort Smith, Arkansas. Despite the nerves, it was just a conversation with the immigration officer about all the content of my application. I felt very calm with the exam because I had been studying for weeks with my daughter and some very dear friends who were in the same situation as me.
I have been able to share with many people the conviction I have that if I have decided to stay in this country, the least I can do is try to be knowledgeable of it to be able to love it as much as my homeland. That’s is a reason I work every day to better manage my English but also to maintain the beauty, breadth and versatility of my native Spanish. Now I also learn to follow popular sports such as football, baseball, basketball and even tennis, I try to understand the typical expressions of this culture that welcomes me: places, monuments, music, dances, typical American dishes and even the sense of humor proper here.
In these years as a resident it has been very important for me to have the friendship, support and advice of friends born and raised in the United States, as well as those who have become citizens before me. I thank them immensely for being generous in telling me about their country, its benefits and even its shortcomings. They have accompanied me on the road and have applauded me when I became one of them.
All of this was followed by a greater challenge, the first thing I did when I was sworn in as a new US citizen was to register to vote. On November 6 I exercised the right for the first time in this country. I feel it is a great responsibility to give an adequate response when we are consulted different aspects of the life of our community, so I consider it very important to inform me as best as possible of the options and responsibly choose the one I consider best.
I reject the idea of ​​being a second class citizen, I think that, apart from knowing this country that has welcomed me as one of its children, I must do my part every day to improve it. I have the responsibility to participate and I am very excited to have the possibility of my voice being heard.

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