Quejarse es malo para la salud

“Prohibido quejarse. Los que lo incumplan sufrirán el síndrome de sentirse siempre víctimas y la reducción de su sentido del humor y capacidad para resolver problemas”. Este es el texto que el Papa Francisco colgó en la puerta de su despacho. La ciencia le da la razón: quejarse es malo para la salud.

Para entender cómo opera el mecanismo de la queja, detengámonos un momento para hablar de las sinapsis. El cerebro realiza constantemente una gran cantidad de contactos entre neuronas, o sinapsis. En nuestro cerebro, las neuronas están separadas por un espacio vacío llamado hendidura sináptica. Cada vez que tenemos un pensamiento, una sinapsis dispara un químico a través de esta hendidura, creando un puente por el que cruzará una señal eléctrica. “Cada vez que se activa esta carga eléctrica, las sinapsis se agrupan para disminuir la distancia que esta carga eléctrica tiene que cruzar: el cerebro cambia sus propios circuitos, para hacer más fácil y más probable el desencadenamiento del pensamiento”, indica Parton.

Esto quiere decir que si tenemos pensamientos negativos de forma habitual, condicionamos a nuestro cerebro a ser más pesimista. Pensar de forma negativa repetidamente alimenta, por tanto, un círculo vicioso, y provoca además que sea más probable que los pensamientos negativos aparezcan al azar. Quejarnos a menudo hace que, cuando llega el momento de formar otro pensamiento, este opte por el “camino más corto” en nuestro cerebro.

Related Content

Comments